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Doscientos cincuenta millones de razones para seguir amando.

Amanecer en la playa

¿Recuerdas cuando sonó la alarma y azuzaste doscientos cincuenta millones de razones para seguir amando? ¿Recuerdas que había una de esas razones, una sola que llegaría al centro del más grande y maravilloso de todos los misterios? Yo soy esa razón que encontró la rendija para fecundar la ternura en el vientre de mi madre, soy el mensajero de Tu a de ene cargado de esperanza, soy el zurrón donde pusiste una micra de fe, la envoltura divina del amor y la confianza. Y hoy ha llegado la hora de rendirte cuentas:

Humildad

Ya descubrí la inocencia encaramado en una mata de guayabas, jugando a ver los tejados de las casas de mi pueblo, arriando yuntas de bueyes de madera con un arado fabricado de hojalata, viviendo sin retazos ni media zuelas aquella niñez que me reglaste. Ya me bañé en los ríos más claros del mundo y quedé pasmado por el olor a romerillo en las cañadas. Ya me enamoré hasta quedarme sin resuello cuando ella se acercaba, ya me quedé mudo cuando debería haberle dicho algo, ya me acurruqué bajo las mantas y dormí respirando en el cuello de una mujer amada. Ya se rompió el misterio una mañana y las hojas de calabaza no estaban tan mojadas por el rocío, como mis mejillas por las lágrimas. Ya descubrí que el amor va y regresa, que el deseo y los afectos un día se subieron al arca de Noe y se salvaron. Ya tuve entre mis brazos otro de tus milagros y la deposité con tanto cariño dormida en su cuna, que no puedo explicarme como cabía en mi corazón tanta ternura y le conté una historia inventada por mi de un cerdito travieso que se perdía en el bosque, como si quisiera decirle en un código binario que no soportaría separarnos. Ya me alisté en el ejercito, plegué un paracaídas y me morí de miedo, ya me fui a los puños con otros hombres por nimiedades, abandone el hogar y volví a enamorarme, ya me criticaron mis amigos y enemigos y se mofaron de las hojas del naranjo. Ya dejó de respirar mi madre una mañana tan bella que parecía imposible que se muriera nadie y dos años después encontré su vestido marrón de flores amarillas y un amasijo de huesos en la tumba fría donde la dejamos. Ya lo abandoné todo buscando la libertad que me inculcaste, ya derrumbé castillos entre las nubes y anidé el sueño de volver a levantarlos, ya dejé que se fuera el viejo con ganas de darme un abrazo, ya brotó otro de mis retoños sin que yo pudiera acompañarla por toda la casa enseñándole los cuadros y las flores y nadie se explica como no hago crecer los ríos cuando lloro ni rajo las piedras con un alarido de dolor cuando subo a la montaña. Ya las mañanas de domingo aprendieron a hablarme, el cielo sabe vestirse de colores y los canarios trinan cuando paso bajo los balcones de mi calle. Ya voy desenmascarando a mi hermano gemelo, ese que se cree ola y no sabe que es mar, el que no aprende las lecciones y se aferra a las profecías absurdas de dos manecillas que inventamos. Ya riman las palabras antes de salir de mi garganta, el sonido de las olas al romper en la costa se desvanece junto con el canto lastimero de las gaviotas. Ya suenan majestuosos los acordes del piano y serán tal vez los ojos de una mujer o su sonrisa, la premonición de su vientre plano o quien sabe si se trata simplemente de la inminente alborada. Gracias por el viaje Universo: entre las millones de Galaxias que se han ido formando debajo de mi piel, en los rincones y los huecos negros, en la luz y las sombras de los días y las noches, los he ido disfrutando.

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Cubano, emigrante en España, disfrutando de esta parte de mi vida. Compartir es mi camino.

Percibo que soy más que cuerpo físico, mental y emocional. No se quien soy, pero SOY MAS, MUCHO MÁS!!