Un Cacho de Bondad

Un Cacho de Bondad – Jose Miguel Vale – WebMediums
Le encantaba el base boll
Cacho no era igual que los demás niños de mi pueblo: no iba a la misma escuela que todos, balbuceaba incoherencias y palabras que a penas se entendían y se reía demasiado, con una risa que daba risa.

El apodo cruel lo debía a que en cuanto se le acercaba otro niño comiendo alguna chuchería o un trozo de pan, enseguida decía:

  • Dame un cacho.
Andaba torpemente y Su padre a veces lo acompañaba al parque donde jugábamos al béisbol, pero se quedaban en las gradas, justo detrás del receptor donde habían colocado una malla de protección.
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Siempre de expectador.
Una mañana fresca de enero Yo estaba de comandante del equipo de los largos y teníamos un duelo a muerte con los chiflados del otro barrio. Eramos rivales en el béisbol y en todo lo demás. El lanzador de los chiflados era el ídolo de las chicas del pueblo, incluida una rubia vivaracha y bailarina que me tenía enamorado en la luna de Valencia y salía descaradamente con él y a mi me ignoraba. Esa era una de las razones por las que odiaba a muerte a los largos y su lanzador endemoniado.
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Estaba celoso a rabiar.
Ese día estábamos en la sexta entrada y perdíamos por seis carreras. De pronto se me acercó el padre de Cacho y me pidió por favor que le dejara jugar, que siempre se ponía muy triste porque no lo dejábamos. "este será el puntillazo", pensé sin aliento, pero el hombre me lo pidió de una forma que no pude negarme. Cuando se puso el guante en su mano izquierda y se fue corriendo torpemente al jardín central resé para que no batearan por ahí los otros, con tan buena suerte que no lo hicieron.En la próxima entrada descontamos dos carreras y los ánimos se fueron caldeando, en la otra descontamos dos más y ellos no hicieron nada, así que llegamos al noveno con dos de diferencia. Pusimos dos hombres en base y por mucho que lo temiera le tocó el turno a Cacho. Cuando tomó el bate y se puso al pie del Home había un silencio impresionante en las graderías improvisadas.
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Photo by Mathieu Manchin on Unsplash
El lanzador de los largos se acercó y lanzó suavemente para que pudiera al menos tocar la bola, pero nada: falló. Entonces salió de la grada uno de nuestros mejores bateadores y tomó el bate junto con Cacho. El próximo lanzamiento fue aún más suave que el primero y entre los dos le pegaron muy débil a la bola que fue a los pies del lanzador. Este pudo haberla tomado y lanzar a primera con lo cual quedaría eliminado el bateador, pero en vez de eso, la elevó al jardín derecho de forma tal que no se pudo hacer nada. Todos animábamos a Cacho a correr hacia primera y luego a segunda. Cuando el jardinero envió la bola a la segunda base, este la dejó escapar y le gritamos que siguiera hasta tercera y ya las dos carreras del empate habían entrado, entonces le dijimos a Cacho que no se detuviera y llegó fácilmente a la goma con la carrera que nos daba ventaja. Nunca había visto en mi vida a alguien disfrutar tanto de una victoria como Cacho que fue tomado en brazos y lanzado al aire por sus compañeros de equipo. Desde ese día el lanzador de los largos no me pareció tan mala persona y aunque finalmente se casó con la rubia que me gustaba, admití que aquel día, el cacho de bondad que derrochó, dejando que el otro ganara, ganó el juego.



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José Miguel Fernández Nápoles

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Cubano, emigrante en España, disfrutando de esta parte de mi vida. Compartir es mi camino.

Jose Miguel Vale

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Percibo que soy más que cuerpo físico, mental y emocional. No se quien soy, pero SOY MAS, MUCHO MÁS!!

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