Ajustando las velas

José Miguel Fernández Nápoles
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Ajustando las velas – Jose Miguel Vale – WebMediums

Supongamos que hace tiempo zarpé de un puerto seguro, que construí con mis manos y algunos maderos, la barca donde hoy navego, porque no quería seguir el resto de mi vida en aquella isla de rejas sutiles, que nos fueron fabricando en la mente con pedacitos de plastilina. Supongamos que cuando me hice a la mar solamente huía de la orilla donde algo me humillaba, donde la afrenta era tan agria que era preferible naufragar en el intento. Entonces solamente miraba hacia atrás, donde poco a poco se perdían los contornos de mi playa. Las primeras noches a bordo, sin vela ni brújula, cuando poco a poco se fueron agotando las reservas de agua, en el terrible silencio de multitudes ajenas, con la mordedura rabiosa de todas mis carencias, para ser totalmente sincero, confieso que por momentos, tuve intención de volverme. Pero el recuerdo del aire enrarecido, sin una sola molécula de esperanza, me dio fuerzas para esperar la próxima alborada.

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“rock formations and body of water“ by beasty . on Unsplash

Me fui haciendo marinero en la tormenta y aprendí que las ratas y el miedo son diferentes. Las primeras huyen cuando presienten que se hunde el barco, el otro se evapora poco a poco, cuando hay una aspiración fuerte. Cuando dejé de suspirar por la orilla que había dejado, pude disfrutar de las noches estrelladas y la paz en la inmensidad del océano. Cuando se fueron apagando las voces de amigos y enemigos y no tuve más consejos ni opiniones, ni compromisos, ni apariencias, me encontré cara a cara con migo mismo: hablé con mi ego, pude mirar a los ojos de un adolescente perdido en mis recuerdos, me divertí descubriendo a un niño amoroso que se había quedado jugando a los escondidos, charlé con un joven de decisiones firmes, con un soldado que siempre estuvo apostado cuidando sus principios. Y el salitre del mar me fue curando las heridas y el ruido de las olas al chapotear con la proa, me enseñaron otra música de la vida. Tuve tiempo de leer libros y vi como navegaban otros. Aprendí de rutas y cartas marinas y fui sacando de las profundidades, las ostras milagrosas de la confianza. Una mañana empuñé con fuerza el timón de mi barca y puse rumbo hacia el más luminoso de todos los faros. Eché por la borda las dudas sobrevivientes y guardé en lo más profundo de mi corazón el recuerdo de mis playas. Ahora, cuando el viento es favorable, despliego el velamen y mi proa surca el agua; cuando cambia la briza, ajusto las velas y nunca pierdo de vista el faro. Si descubro que por momentos el aire es justamente contrario; no me desanimo, arrío el mástil y espero porque nada es eterno, hago como el junco que se dobla para no quebrarse con las rachas fuertes y amanezco aferrado a mis sueños. Cada minuto estoy más cerca y resuenan a los compases de mi fe las dulces campanas del Universo

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José Miguel Fernández Nápoles

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Cubano, emigrante en España, disfrutando de esta parte de mi vida. Compartir es mi camino.

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Jose Miguel Vale

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Percibo que soy más que cuerpo físico, mental y emocional. No se quien soy, pero SOY MAS, MUCHO MÁS!!

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