¿Cómo está la cosa?

José Miguel Fernández Nápoles
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Cogí un rotulador de esos que hacen un trazo gordo, de color rojo e hice un cartel en la tapa de una caja de zapatos vacía, que ponía: "Prohibido hablar de la cosa" y cuando algún trabajador entraba a mi oficina pequeña, de dos por dos, sin ventanas grandes a través de las cuales se pudiera ver el malecón habanero, ni sillas giratorias forradas de cuero, ni fotos de la familia en mi escritorio, al hombre no le quedaba otra que reírse de buena gana de mi ocurrencia, pero no se le ocurría empezar con aquella letanía de ¿has visto como se ha puesto la cosa? ¡la cosa está que arde! ¡oye, como se ha puesto la cosa!

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Los turistas no van en bicitaxi

Y era que milagrosamente, me dieron una plaza de esas que lloraba la gente, donde uno se "embarraba de verde" porque los clientes pagaban con dinero de verdad. Y, puede ser que los milagros existieran el El Golfo de México en los años noventa, pero había que ayudarlos: Así que cuando Berlín dejó de ser dos y empezaron a escasear las inyecciones rusas a la economía cubana, los dirigentes tuvieron que desmantelar una parte importante de las academias militares y pre-jubilar a muchos oficiales, entre ellos a mi, que antes de los cuarenta y cinco ya había tenía el requisito indispensable de tiempo. Entonces estuve casi una semana yendo todas las mañanas a aquellas oficinas de Miramar, con sus jardines cuidados y limpios y el logo de una corporación mixta.

  • Dice la jefa de personal que nos deje el currículo, me dijo la secretaria.
  • Perfecto, le respondí y se lo entregué de puño y letra, pero no me iré hasta que me atienda.
  • Es que ella dice que está muy ocupada.
  • Entiendo, le dije, pero no tengo prisas y esperaré encantado.

Fui a la esquina a mediodía, con los ojos clavados en la puerta por donde podría escaparse la pieza, a hacer cola en un timbiriche, donde vendían croquetas y regresé a sentarme en el sofá de la recepción y hacerme el que leía un libro. Así cinco días. Al sexto, siguiendo el mandato del Espíritu Santo, me dijo la secretaria, dice que pase que tiene cinco minutos para atenderlo.

  • Tenemos la plantilla cubierta totalmente, me dijo. Además se ha fusionado no sé quien, con no sé que otro organismo y daremos preferencia a los cuadros que se han quedado sin plazas.
  • Entiendo, le dije con una sonrisa que me había pasado un mes fabricando. Lo único que le pido es que me tenga en cuenta, si cambiaran las circunstancias.
  • ¿Militante? Si. ¿Estudios? Universitario, ingeniero mecánico. Levantó los ojos desconfiados cuando me hizo la siguiente pregunta: ¿Idiomas? Ingles y Ruso, le respondí sin miedo, y me quedé con ganas de decirle que mientras la mayoría de mis amigos tomaban ron por las tardes, yo estudiaba inglés en la escuela de periodismo, cómo si presintiera que me iba a hacer falta. ¿Computación? Si, y ni una sola palabra más, porque lo dije con firmeza.

Rellené unas planillas y me dijo que en caso de algo, me avisarían. Y me avisaron la semana siguiente que me proponían una plaza, que fuera a ver que me parecía. Y pensé que si me proponían fregar coches de turismo, les pasaría la lengua si fuera necesario.

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matricula TUR

Y me ofrecieron ser subgerente de una sucursal, que era algo así como poner un ratón a cuidar un almacén de quesos y de regreso a casa, me iba fregando las mejillas con agua salada, porque la última vez que mi niña se quedó sin zapatos para ir al colegio, había tenido que pagar con el sueldo de tres meses, unos billetes raros, que nunca había visto, con la imagen de George Washington.

Así que el lunes siguiente me presenté para empezar a lidiar con trabajadores del turismo en vez de cadetes, como estaba acostumbrado, a administrar una sucursal de una empresa donde el salario de los trabajadores no era en divisas y en vez de estrellas en las charreteras, los jefes llevaban en el bolsillo, monedas de otra clase. Comencé una etapa nueva donde la cosa, cada día se ponía más complicada y era imprescindible hilar más fino para no pasar la raya.


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José Miguel Fernández Nápoles

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Cubano, emigrante en España, disfrutando de esta parte de mi vida. Compartir es mi camino.

Jose Miguel Vale

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Percibo que soy más que cuerpo físico, mental y emocional. No se quien soy, pero SOY MAS, MUCHO MÁS!!

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