Tras la huella del silencio

José Miguel Fernández Nápoles
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Tras la huella del silencio – Jose Miguel Vale – WebMediums
Picacho de Crevillente

Tras la Huella del amarillo y el blanco

Éramos tres a bordo de una mañanita de domingo que la mayoría prefiere navegar desde el rescoldo de sus habitaciones guareciéndose de la ventisca de la noche anterior.

Hasta el punto de partida nos ha llevado el afán de curtir la voluntad de triunfadores, esa indomable decisión de doblegar las cuestas y disfrutar el frescor de la cima, con la secreta intención de compararlas con la vida. Íbamos resguardando los treinta y seis grados del cuerpo con cuatro capas de optimismo, íbamos poniendo una esperanza alrededor del cuello como si fuera una bufanda, un brillo en los ojos, un reto disparatado a la muerte, que en algún punto del camino nos espera.

Para subir hacen falta simplemente determinación y fuerza. La primera se saca de cada uno de esos misteriosos rincones que tenemos en el alma, anida en lo enmarañado de la creencia que tenemos de nosotros mismos, se cosecha en cada semilla de cariño que plantaron en nuestra niñez. La segunda se agita bien con agua y bebida de soja en una mezcladora de litro y lleva ciento catorce nutrientes a cada una de nuestras células. Se absorbe con agradecimiento en las vellosidades intestinales y pone gramos limpios de confianza en el torrente sanguíneo. Yo saboreo todas las mañanas esta delicia, persigo su rastro con las papilas hasta que se pierde garganta abajo su dulzura como si fuera el héroe de una leyenda.

Tras la huella del silencio – Jose Miguel Vale – WebMediums

Entonces comenzamos la subida y empieza ese abrazo maravilloso con la naturaleza. La yerba está húmeda por la caricia del rocío y a cada paso cuesta arriba arrecia el silencio, ese silencio que nos limpia, que nos hace bailar nuestra oculta melodía. En cada hoja verde de los pinos baila un recuerdo, en el ritmo perfecto, en la armonía de los colores, en esa insuperable fraternidad entre lo inmenso del cielo y la clorofila.

Los cinco sentidos exigen tomar partido: palpo lo rugoso del tronco de un pino, miro la cuesta caprichosa que parece un gigante dormido, bebo el agua que me ofrece el arrollo, escucho el zumbido del viento en las copas de los árboles y dejo entrar con placer inefable el aroma del tomillo. Y vuelo desesperado por el monte a encontrarme conmigo mismo cuando era niño, me refugio en la bondad del Universo que me arrulla.

Subimos en silencio, dejando que entre junto con el oxígeno la amistad cómplice que vamos cosechando. Subimos y sin que sea necesario declararlo a los cuatro vientos, nos vamos agradeciendo la suerte de habernos conocido y compartimos un mendrugo y una sonrisa y sin pedirnos permiso nos dejamos querer y nos queremos. Porque escalar montañas nos saca sudor y nos hace más solidarios, nos pone desnudos frente al espejo para que podamos ver lo grande que somos: así de verdes, de indómitos y nobles como los campos sembrados allá abajo, así de fértiles y creadores de riquezas, así de misteriosos y repletos de potencialidades para hacer que crezca la vida: Así de inmensamente poderosos somos los seres humanos.

Y si nos damos la mano para escalar, si decidimos juntar nuestros pasos por la senda del blanco y el amarillo, si nos trazamos una meta y unimos corazones y sonrisas, si no cejamos en el empeño, si tenemos bien resguardada la creencia de que llegaremos a la cima, entonces es cuestión de tiempo, porque no hay una sola historia humana que se haya afincado en los valores y haya naufragado en esos mares, no hay un solo empeño justo que se haya despeñado por una barranca, no hay una sola esperanza que haya tenido que retroceder ante el miedo, no hay una sola meta que se haya desvanecido si es verdadera.

Gracias amigos por juntar las manos y ayudarme a subir en brazos mi preciosa carga, gracias por los afectos que hacen falta rechinar los dientes y asumir con responsabilidad y valentía el rumbo de nuestras vidas. Gracias por el ejemplo, por la noble y amorosa compañía que tanto me ayuda ¡a seguir siendo libre!
¡Nos vemos en la cima!
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José Miguel Fernández Nápoles

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Cubano, emigrante en España, disfrutando de esta parte de mi vida. Compartir es mi camino.

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Jose Miguel Vale

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Percibo que soy más que cuerpo físico, mental y emocional. No se quien soy, pero SOY MAS, MUCHO MÁS!!

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