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Impulsividad: ¿Por qué es mala consejera a la hora de tomar decisiones?

Maria de Piña
5 min de lectura

Suena bonito esa expresión que dice “deja que tus impulsos te guíen”, pero siendo realistas, la impulsividad es muy mala consejera. Cuando no tomamos un minuto para reflexionar en nuestras decisiones, posiblemente tengamos que pedir perdón con frecuencia.

Los impulsos, las emociones y las corazonadas a veces nos llevan por el camino correcto, pero esto no quiere decir que ocurra con frecuencia. Siempre debe existir un equilibrio y en aspectos que conllevan la toma de decisiones, no se puede dejar la razón de lado.

¿Qué es una conducta impulsiva?

Impulsividad: ¿Por qué es mala consejera a la hora de tomar decisiones?
¿Qué es una conducta impulsiva?

Básicamente, se trata de actuar guiado por los sentimientos, los anhelos y las sensaciones, un sinfín de motivaciones que hacen que se ejecuten acciones sin pensarlo mucho. Quien tiene este tipo de conducta posee una intensa necesidad de satisfacerse a sí mismo.

La persona que es impulsiva no reflexiona ni analiza sobre las consecuencias de sus actos, solo le importa el momento presente. Este tipo de conducta lo hace actuar sin ningún tipo de restricciones, donde no mide ni sus acciones ni sus respuestas, tampoco teme a los resultados.

Este comportamiento es muy común entre los jóvenes, motivado por su falta de madurez y su intensa curiosidad.

La impulsividad se vuelve muy peligrosa, ya que esa falta de temor al riesgo hace que muchos cometan errores trágicos que los afectan a sí mismos y a otros.

Si no se lidia con este tipo de conducta durante la etapa juvenil, es probable que se traslade a la vida adulta. El ser impulsivo traerá consigo una serie de conflictos que le estorbará en su crecimiento personal

Peligros y riesgos al ser impulsivo

Los sentimientos y las emociones son un motor psicológico muy fuerte que puede llevarnos muy lejos o hundirnos muy profundo. La impulsividad se alimenta y es motivada por estos, lo que hace ser a una persona muy impredecible e inestable.

Las personas impulsivas tienden a herir a otros frecuentemente con sus palabras, ya que dicen lo que piensan sin medir sus expresiones. Cuando se habla desde emociones como la ira, el resultado es poco favorable, así que la impulsividad es mala para la comunicación.

En cuanto a la vida financiera, es bien sabido que las emociones deben mantenerse al margen de los negocios, los cálculos y las oportunidades. Muchos, mal invierten, despilfarran o son estafados por basarse en un impulso y no en la lógica o la consciencia.

Y cuando se analiza la impulsividad desde un punto físico y de salud, el no reflexionar sobre ciertas decisiones en cuanto a nuestro cuerpo ha provocado enfermedades, accidentes, daños psicológicos y mucho más, por vivir actuando sin considerar el futuro.

En pocas palabras, ser impulsivo puede traerte como resultado diferentes escenarios trágicos en todos los aspectos de tu desarrollo personal.

La impulsividad como trastorno psicológico

Impulsividad: ¿Por qué es mala consejera a la hora de tomar decisiones?
La impulsividad como trastorno psicológico

Poseer una conducta impulsiva y un trastorno de impulsividad son cosas diferentes, la manera de actuar es muy parecida, pero el trastorno hace mucho más aguda la impulsividad. El trastorno se cataloga como la incapacidad de resistirse a cometer un acto.

Cuando alguien posee conducta impulsiva sus acciones son un poco más moderadas, pero cuando se vuelve un trastorno es un problema bastante grave. En este caso no solo estamos hablando de palabras hirientes, sino de actos que conllevan complicaciones legales.

Algunos ejemplos de conflictos psicológicos motivados por el trastorno de la impulsividad son los siguientes:

  • Ludopatía: Se trata de aquella persona que no puede controlar su deseo de apostar en máquinas y juegos de azar.

  • Compra compulsiva: Un impulso descontrolado por adquirir cosas, aun cuando esto excede el presupuesto económico que se posee.

  • Piromanía: Se basa en una necesidad dañina de incendiar cosas.

  • Cleptomanía: Consiste en un deseo irrefrenable por robar objetos, no por el valor económico, sino por satisfacer el impulso.

Todas estas condiciones tienen en común que responden a la necesidad de satisfacer impulsos, y a menudo después que esto ocurre se produce una sensación de culpa o remordimiento.

Causas de la impulsividad

No se han podido establecer causas exactas y comprobables que expliquen el origen de la conducta y el trastorno impulsivo. Sin embargo, se sugieren algunas razones basándose en el estudio de muchos casos que comparten similitudes respecto a este problema.

  • Genética.

  • Desorden de personalidad.

  • Baja autoestima.

  • Depresión.

¿Qué hacer ante la impulsividad para controlarla?

Antes de hablar de métodos, trucos y herramientas para mantener controlados los impulso, lo primero que debes aceptar es que es un problema peligroso y debes visitar a un especialista mental. Para ayuda extra te presentamos algunos tips útiles.

  • Ejercita tu capacidad de analizar: Las acciones impulsivas básicamente son reacciones sin análisis. Practica a diario sentarte en calma un momento y analizar situaciones ficticias, estudiando pros, contras y consecuencias.

  • Medita: La meditación es una práctica que ayuda a pensar, adquirir concentración y te enseña a mantener la calma en situaciones de estrés. 

  • Ubica tus respuestas impulsivas y reemplázalas: Si logras identificar tus acciones impulsivas frecuentes, puedes reemplazarlas. Muestra de ellos es que si tu impulso es responder a la primera, reemplázalo por un conteo mental o respiración y análisis.

  • Aprende a respirar: Una técnica sencilla de respiración puede hacer maravillas ante un episodio de impulsividad. Solo basta practicarla algunos segundos y será suficiente para refrenar una acción inmediata y analizarla mejor.

Basta un minuto de actuar impulsivamente para arruinar una carrera, una oportunidad financiera o una relación afectiva. Debemos ser capaces de controlar nuestras emociones y no vivir dominados por ellas, vive libre y toma riesgos, pero no cedas el control a los impulsos.

 

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