Amar a los dormidos primero

José Miguel Fernández Nápoles
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Amar a los dormidos primero – Jose Miguel Vale – WebMediums
El mundo duerme.

Una canción de cuna para los que están dormidos

Me gusta narrar historias y escribir poemas. Lo voy a decir de otra manera: disfruto mucho poner a andar mi imaginación y dibujar esos vericuetos con las palabras. Es más, estoy firmemente convencido que es la forma más humana que tengo de amarme y amar a dormidos y despiertos.

Porque cuando acaricio, cuando vibra hasta la última fibra de mi ser en un contacto íntimo, cuando rozo una mano, cuando abrazo a alguien, no me parece tan cercano, como cuando me desnudo el alma y muestro lo que bulle en esos entrecejos que no sé donde llevo, cuando lo pinto y esculpo, enlazando adjetivos y verbos.

Y dormidos vamos por la vida creyendo que somos el que siente fatiga, hambre y deseos sexuales, el que fabrica ideas como churros y las expresa o escribe, el que siente y padece, se emociona ante un atardecer y odia las guerras y la conducta del que se esconde. Cierto es que si solo fuéramos eso, ya seríamos divinos, y es que además, somos el pedazo sumergido del témpano de hielo.

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El prójimo soy yo mismo cuando dejo de ser yo.

El amor al prójimo es un disparate mayúsculo.

Entonces hago consciente que vine de paseo a este mundo y no se lo digo a nadie, so pena de que me encierren, me marginen y me miren como a uno que se le ha aflojado una tuerca y se permite el lujo de narrar historias, en vez de ganarse las habichuelas como Dios manda. O sacudo a los fantasmas del miedo y observo al que no se atreve, al que se agazapa en los rincones pensando que es pequeño, que no sabe, o sea a mi mismo.

De repente se me ocurre que el río no sube a los potreros donde están las vacas pastando para animarlas a que abreven, sino que fluye y ofrece su agua a quien la necesite, en las cantidades exactas, ni más ni menos. A un elefante le permite que beba diez galones y a una abeja una gota miserere. Y yo escribo en el éter los colores de mi llanto, agito al viento las palomas de estos tiempos, el timbre lastimero de mi desaliento que quiero compartir, con los dormidos primero.

Porque si de las manos del carpintero sale una silla, nadie se sorprende, tal vez porque sirve para sentarse. ¿Y que utilidad práctica puede tener un poema? ¿quién podría cubrirse del frío y calmar el hambre con una historia bien narrada? ¿qué necesidad fisiológica se cubre mirando un cuadro, escuchando la suave melodía del piano?

Con la vida he ido aprendiendo que hay una vara que mide mi estatura. Es el mensaje de Jesucristo y Buda, de Lao Tse y Krishna. Ellos hicieron consciente que la compasión y el miedo son insolubles, miraron al otro a través de si mismos, y atisbaron por esas rendijas, la magia que no se ve en la dimensión humana, la que no sale en la tele, ni hablan los periódicos. Entonces los sabios se dieron cuenta que después del verbo amar no hay que escribir un complemento.

Sencillamente pusieron en el zurrón que se iban a llevar del mundo, en vez de oro, incienso y mirra, aquello que nos eleva a otras alturas, la pisada invisible hacia otros escalones que no conocemos, la divina suerte de abrazar y compadecerse, el reto incólume desde la noche de los tiempos, de amar a los dormidos.

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Diferentes.
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José Miguel Fernández Nápoles

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Cubano, emigrante en España, disfrutando de esta parte de mi vida. Compartir es mi camino.

Jose Miguel Vale

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Percibo que soy más que cuerpo físico, mental y emocional. No se quien soy, pero SOY MAS, MUCHO MÁS!!

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