El tiempo de los verbos

José Miguel Fernández Nápoles
2 min de lectura
El tiempo de los verbos – Jose Miguel Vale – WebMediums

Voy a cruzarme de brazos ahora y dejar que el tiempo ruede barranca abajo, me voy a tirar de bruces en la hierba para que el sol me dé en la cara a ver si puedo organizar un poco mis sentimientos, porque sinceramente voy a mandar la lógica al carajo a partir de mañana.

¿Qué puedes hacer si la respiración se dificulta cuando ella no está? ¿A qué otra profesión podrías dedicar el resto de tu vida después de pasar en la universidad de su habitación, un curso de siete noches en vela para aprender a amarla? ¿Qué risa daría más oxígeno que la suya cuando estamos juntos?

Entonces ruedas tratando de escapar por el tejado como un gato, de no hacerte daño con las espinas de esas zarzas traicioneras que solamente crecen en tus creencias sobre edades, el color de la piel y otras absurdas diferencias.

Te burlas de la idea de vivir con ella, de verla trajinando en la cocina de tu casa, como si fuera un ángel que se ha colado por la ventana.

Total, si las otras veces ya el dolor te destripó bastante, si ya no hay leños secos con que avivar la hoguera. Son espejismos de caminantes que las carencias le hacen ver fantasmas.

Ella no es real, ni está ahora mismo rodeada de caricias, ni te mira de esa forma porque haya descubierto en ti a un hombre sencillo que la estremece.

Así que levántate y vuelve al ronroneo de tu vida como ruedas de carreta, no sueñes ni pintes castillos en el agua, no entrenes tus dedos para tocarla ni tu boca para recorrerla: no te pongas los atuendos de Quijote que es hora de un poco de paz en tus mañanas.

No seas terco y piensa en tu pasado para que el presente sea llevadero. ¿O vas a conjugar el verbo amar en futuro de nuevo?

Responses